Al transitar por la isla de Menorca se observa una densa red de muros de piedras que flanquean carreteras y caminos; delimitando también las propiedades y parcelas de cultivo; y en ocasiones formando bancales de contención del terreno. Su presencia permanente confiere al paisaje un aspecto altamente humanizado. Para alzar estos muros se ha usado la técnica de la piedra seca, así llamada porque se construyen apilando piedras irregulares sin usar ningún tipo de mortero.
Muro de piedra seca en el Camí de Cavalls (Camino de Caballos), sendero que que rodea toda la isla.
La construcción de estas paredes se hace aprovechando las piedras que afloran a consecuencia de las labores de labranza y refleja el trabajo continuado de muchas generaciones campesinas. Para ello, se apilan filas horizontales de piedras, unas sobre otras, en orden de tamaño decreciente y con mayor anchura en la base, lo cual asegura su estabilidad. Así, la sección del muro no es rectangular sino trapezoidal.
La piedra seca también se ha usado en las barraques, refugios para los rebaños de corderos, en la zona norte de Ciudadela.
Entre las piedras de esta arquitectura popular sin arquitectos, con frecuencia aparecen las lagartijas roqueras, características de la isla.

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